La caída de Maureen Connolly: el accidente que cambió la historia del tenis

Por Nico Quércia - 20 de julio, 2022
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Foto de US Open

Hace 68 años, un accidente que involucró a un caballo y un camión mezclador de cemento cambió para siempre la historia del tenis mundial. Durante más de un siglo, el tenis ha visto eras de dominio como la que en los últimos 20 años imponen el Big 3 o Serena Williams. O algunas décadas atrás con Steffi Graf, Martina Navratilova o Rod Laver. Pero quizás ningún periodo de la historia del tenis tuvo una hegemonía como la de Maureen Connolly. Una era que se apagó en un suspiro.

Maureen Connolly, conocida popularmente como Little Mo, fue la gran aparición del tenis mundial a mediados del siglo XX. Oriunda de San Diego, la estadounidense dio el salto a la fama al ganar el US Open en 1951 con apenas 16 años, convirtiéndose en la campeona más joven de la historia hasta ese momento. Pocos podrían imaginar lo que vendría luego. Connolly se coronó en el US Open en apenas su tercera participación en el torneo y en Grand Slams. Tras su primer título, jugó ocho torneos grandes. Y los ganó todos.

Los Grand Slams son hoy la medida de la grandeza en el tenis mundial, pero no siempre fue así. Muchas leyendas jamás disputaron el Abierto de Australia o dejaron de competir en algunos majors para privilegiar otros torneos. Pero Little Mo fue diferente. En 1953, Connolly se transformó en la primera mujer campeona de los cuatro Grand Slams en el mismo año, algo solo igualado por Margaret Court en 1970 y Steffi Graf en 1988. Mientras que entre los varones, solo Don Budge (1938) y Rod Laver (1962 y 1969) consiguieron tal proeza. Hasta la fecha, Little Mo es la única jugadora de la historia que ganó todos los torneos de Grand Slam sin perder un set en las finales.

Maureen Connolly ganó su noveno Gran Slam seguido (y noveno en 11 participaciones totales) en Wimbledon 1954. Dos semanas después, cuando paseaba a caballo, el destino se le cruzó en la forma de un camión mezclador de cemento. En un cruce, el camión se desvió en su dirección y asustó a su caballo. En el giro, Little Mo quedó entre el caballo y el guardabarro trasero izquierdo del camión. Entre el golpe y la caída, Connolly sufrió la fractura del peroné. Y nunca más volvería a jugar al tenis.

Tenía 19 años.

«Su pierna estaba gravemente lacerada por debajo de la rodilla, el músculo estaba desgarrado y el hueso era visible», relata el fallo del juicio que inició Little Mo por el accidente y por el que tuvo como «reconocimiento» el pago de 95 mil dólares. «La demandante fue llevada en ambulancia a un hospital donde estuvo en cirugía durante unas tres horas. Permaneció en el hospital durante 10 días y su pierna estuvo enyesada durante varias semanas».

Connolly no pudo defender su título en el US Open e intentó un regreso el año siguiente, pero entre su movilidad afectada por el accidente y su casamiento con Norman Brinker, decidió dejar el deporte y dedicarse a su vida familiar. Se instaló en Dallas y tuvo dos hijas. Pero siguió vinculada al tenis como analista en algunos torneos y principalmente entrenando y promoviendo el desarrollo de juveniles. En 1966 le diagnosticaron un cáncer de ovario y pese a batallar contra la enfermedad falleció en 1969.

Tenía 34 años.

«Siempre he creído que la grandeza en una cancha de tenis era mi destino. Un destino oscuro, a veces, donde la cancha se convertía en mi jungla secreta y yo en una cazadora solitaria y temerosa. Era una niña extraña armada con odio, miedo, y una raqueta de oro», escribió Little Mo en su autobiografía, Forehand Drive. El tenis fue su destino. Uno de leyenda, como ninguna otra en la historia. Y uno oscuro, como el final de su carrera y su vida.

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